Gloryhole frote hacia abajo

gloryhole frote hacia abajo

Sin embargo, investigando por Internet descubrí el mundo swinger, parejas que siguen juntas y que sin embargo mantienen relaciones con otras personas. A partir de aquella imagen, dejó de interesarme acostarme con otras mujeres.

Quería que ella se acostara con otros hombres. Descartado pues, el mundo swinger, nos centramos en los tríos. Esa idea me excitaba muchísimo. Sin embargo el asunto no cuajó. Siempre estaba el problema de quien seria la tercera persona.

Lo mejor sería un amigo, con el que tuviéramos confianza, pero no queríamos que eso se supiera, y el hecho de que un hombre cercano, que viéramos a menudo se acostara con Ana Sí salía mal, podíamos perder la amistad. Así llegamos a día de hoy. Un día le compré un consolador, e hicimos un pequeño simulacro. Ella se masturbó en nuestra cama, mientras yo espiaba desde la puerta. Fue muy excitante, y me hice una de las mejores pajas de mi vida. Pues resultó que un día, Ana regresó del trabajo ella trabajaba un par de horas por la tarde con una sonrisa picarona en la cara.

Yo la vi entrar por la puerta, y supe al instante que tenía una gran noticia. Me estaba empezando a poner nervioso. He hablado con Marta - era una compañera de su trabajo-. Resulta que a ella también le va el rollo este Su marido y ella lo han hecho muchas veces - me quedé muy sorprendido. Nunca lo habría imaginado-. En realidad no le he dicho que nosotros quisiéramos ni nada Pero bueno, la cuestión. Me ha hablado de un club de la ciudad, que se dedica a esas cosas. Ella ha ido muchas veces.

Te proporcionan una habitación preparada para todo Yo estaba muy excitado, pensando en que por fin pudiese hacerse realidad. Aunque no estaba del todo seguro. Las fantasías son las fantasías, pero el pensar que mi querida niña, pudiera ser follada por primera vez por otro tío Es un poco arriesgado Puedes elegir muchas cosas y tal- era evidente que Ana quería ir inmediatamente-.

No sé, puede estar bien. Me ha dado la dirección, podemos ir a preguntar e informarnos, sin compromiso. Sólo que de tíos.

Es como irte de putos. Pero es muy barato. Te dan la habitación, seguridad de anonimato y tal, habitación preparada para observar No es lo mismo que un puticlub barato de carretera. Yo no lo tenía nada claro, al contrario que Ana. A la cabrona le brillaban los ojitos de lujuria. Pero en cuanto a mí Una cosa es fantasear, otra hacerlo, y otra muy distinta encima, era pagar para que un tío disfrutara del hermoso cuerpo de mi novia.

Ellos son los que tendrían que pagarme a mí. Un trío tal vez, pero sólo mirar Yo no quería, prefería que aquello siguiese siendo una ilusión. Pero bueno, parecía tan excitada y me miraba con una carita suplicante que no pude negarme.

No podía rajarme ahora después de todo lo que lo habíamos hablado. Decidí que iríamos sólo para informarnos, e intentaría quitarle las ganas poco a poco. O a lo mejor tenían tríos, y yo podía participar.

Eso si me parecía medio qué. Iremos, pero sólo a preguntar y a informarnos. Luego ya veremos- Ana sonrió muy contenta, y me besó.

Decidimos ir a mirar el sitio al día siguiente. Era viernes, y teníamos la tarde libre. Yo iría a recoger a Ana al trabajo, y a la vuelta nos pasaríamos por allí. Esa noche follamos como conejos, y Ana no abrió los ojos en todo el tiempo. Pude imaginar en qué pensaba.

A mí no terminaba de encajarme la idea, pero estaba cachondísimo pensando que por fin podría verla disfrutar con otro tío. Así pues, al día siguiente después de trabajar, comí Ana comía en el trabajo y a eso de las 5 fui a buscar a mi novia a la tienda.

Salió, nos besamos y caminamos hacia el lugar donde estaba el club ese. Ana iba vestida con ropa normal, unos vaqueros largos ajustados, zapatillas y una camiseta de tirantes rosa y ajustada. No estaba muy lejos y fuimos andando, pero hacía mucho calor, y empezamos a sudar en poco tiempo. Ver a mi novia brillante en sudor me excitaba muchísimo. Por fin llegamos al lugar. Entramos en un callejón bastante estrecho, y muy largo, que conectaba una avenida con otra.

Las fachadas eran viejas y había puertas traseras de casas. Tras unos diez metros encontramos el sitio. Se trataba de una discreta puerta gris, y un rótulo mediano encima, que rezaba " El ciervo ". Había un gran contraste entre la fachada del club y las contiguas. Los edificios de ambos lados del callejón eran de 5 plantas. Tenía una fachada totalmente reformada y nueva que llegaba hasta la azotea, por lo que todo aquello debía pertenecer al club.

No se podía ver el interior. Al abrirla, lo primero que nos llegó fue el olor fresco de la estancia principal. EL aire estaba puesto, y en seguida se nos quitó el calor de la calle. La sala era pequeña y perfumada. Había un mostrador semicircular, y una mujer estaba sentada en él. Enfrente de ellas había sillones, agrupados de dos en dos y con una pequeña mesa en medio. Podían ser envueltos por una cortina, aunque en ese momento estaban todas abiertas. La mujer tecleaba en un ordenador.

Ana y yo nos miramos. Estaba claro que discreto, era. Nadie entraría allí si no iba a lo que iba. Ella llevaba totalmente las riendas de la conversación desde que cruzamos la puerta. Nosotros apenas teníamos que abrir la boca, y eso daba confianza. Ni siquiera tenías por qué estar allí por eso, podías decir que te habías equivocado, aun no habíamos dicho nada que nos delatara Pues esto es muy sencillo.

Pueden sentarse y mirarlo. Después si ya tienen claro todo, sólo tienen que rellenar este formulario, para que podamos saber sus preferencias. Es tipo test, totalmente anónimo y no lo guardamos al final, es sólo para saber sus gustos y el servicio que le podemos dar.

También si lo desea, pueden hacerse usuario fijo, y guardaríamos sus datos en el ordenador. Yo cogí el folleto. Era un tríptico, y explicaba todos los servicios por encima. El formulario era muy sencillo, y sólo había que marcar casillas. Al final tenía un pequeño contrato de confidencialidad, y un espacio para firmar. La mujer lo cogió y nos lo fue mostrando. Sólo tienen que marcar las cosas que deseen. Me quedé totalmente paralizado, y miré de reojo a Ana.

Ella estaba igual que yo, totalmente colorada, aunque sutilmente excitada. Era sorprendente la naturalidad con que hablaba aquella mujer. Ella se dio cuenta y sonrió. Miren, siéntense y echen un vistazo. Puede participar para ser humillado y si lo quiere también puede ser penetrado, atado, dar sexo oral o masturbarse etc. También disponemos de cinturones de castidad masculinos si lo desean, o puede simplemente limitarse a mirar.

Si no le interesa, sólo tienen que irse, sin compromiso. Si quieren pueden rellenar el formulario y les haré un presupuesto. Los condones vienen incluidos en el precio- al terminar de hablar, nos señaló los asientos-. Y vosotros tampoco a ellos. Tenemos a muchos clientes que prefieren no darse a conocer. Nos sentamos muy nerviosos, y cerramos la cortina. No se nos veían ni los pies, ya que arrastraba. Yo tragaba saliva después de todo lo que había escuchado. Aquello parecía muy serio. Eso relajaba bastante, ya que no agobiaba y nos dejaba total libertad.

Nos podíamos tomar todo el tiempo que quisiésemos. Decidimos leer el formulario entero, e ir marcando por encima. Yo también me reí. Nos miramos, y al final puso 3, con una sonrisa picarona. Yo me sorprendí y también reí. Puso todo tipo de razas, tamaño preferente grande y hombre preferentemente alto y musculoso. Yo también notaba un bulto en los pantalones. Luego había otras opciones para el cornudo, tales como humillación, sumisión etc.

Nos levantamos colorados y preguntamos si podíamos salir. Ella dijo que si. Entonces descorrimos la cortina, nos acercamos a ella y le dimos el papel, para ver si estaba correctamente relleno. Ella lo cogió y lo ojeó por encima. Vi como Ana miraba a otro lado, intentando disimular.

Pero la mujer era muy profesional. Puede alargarse dependiendo de la situación. Aseguramos un servicio excelente. Miré a Ana, y ella me devolvió la mirada con la misma cara de asombro.

Pensé que estaban de acuerdo. Sino, no pasa nada, no se preocupen. Les puedo dar otra fecha Es que nos ha sorprendido la rapidez, pero supongo que ahora podemos, no tenemos nada que hacer Mi tono de voz dejaba claro que sólo era una pregunta de cortesía. Yo había ido allí sólo para mirar y tal vez si se pudiese hacer un trío, participar. Pero descartado eso, no tenía ninguna intención de quedarme. Me moría de ganas de echarle un polvo a mi novia, y quería irme cuanto antes.

No aceptaba un acuerdo entre los dos con el socorrido "no se Yo gruñí un poco, pero me mordí la lengua. Las seguí, dispuesto a detenerlo todo si llegaba demasiado lejos.

Atravesamos la puerta de la derecha y entramos en un pasillo muy largo e iluminado, lleno de puertas a la derecha y espejos a la izquierda. A mitad del trayecto había unas escaleras, subimos un par de pisos y llegamos a la habitación , que era la que nos habían dado. La mujer abrió con llave. Yo estaba muy nervioso, me sudaban las manos y Ana respiraba entrecortadamente, excitada y nerviosa.

Sus ojos brillaban de lujuria. Era un cuarto amplio, de unos 3 metros cuadrados. Tenía una sola luz en el techo, y la puerta por dentro tenía un pestillo.

Frente a la puerta había un gran cristal rectangular, que daba a otra habitación justo enfrente. En el suelo, justo debajo había una especie de cajón, que conectaba ambas habitaciones.

Al cerrarse en ésta, se habría en la otra, y viceversa. La otra habitación tenía las paredes llenas de espejos, y una gran cama de matrimonio en el centro. El pensar que en aquella cama dentro de muy poco Ana podía estar follando y gimiendo con otro tío me excitaba, pero al mismo tiempo me horrorizaba.

Me iba a reventar la polla, y decidí detenerlo todo de una vez, para poder volver a casa y follarme a mi novia, como debe ser. Pero la mujer vio que iba a abrir la boca y se adelantó. Yo fui a decir que aun no era seguro, pero Ana me dio su pequeño bolso del trabajo y el móvil que tenía en el bolsillo-. Se dieron la vuelta para irse, sin dejarme decir nada. No me daba tiempo a pensar, y no captó o no quiso captar la mirada que le eché, del tipo: No estaba dispuesta a irse, y me daba vergüenza hablar con Ana si ella estaba delante.

Me agobié un poco, pero Ana me miraba con ojitos suplicantes. La mujer rompió el silencio. Luego los dejaré solos para que puedan tomar la decisión final. Ana sonrió, me dio un pico y se fue. Yo las vi irse desde la puerta. No la llevaba a la habitación de al lado, sino que fueron hasta la escaleras y empezaron a bajarlas.

Seguramente en las puertas de al lado hubiese habitaciones similares a la mía, y la de enfrente estuviese entrando por la puerta izquierda del recibidor. A saber donde la llevaban. Seguramente lo hicieran para que no pudieras cambiar de opinión e ir a impedir que se trajinaran a tu chica. Si ella quería, yo no iba a poder hacer nada. No sabías donde estaba, de modo que Me dio muchísimo coraje, pero tuve que agarrarme la polla con fuerza.

Me moría de los nervios. Cerré la puerta y eché el pestillo. Puse todas las cosas en el suelo, en una esquina. Tenía ganas de mear, pero mi polla tenía un tamaño tal que no sería capaz de orinar. En medio de la habitación había un sillón muy cómodo, recubierto con una amplia toalla que lo rodeaba entero. Nadie entraba en la habitación de enfrente, así que me empecé a poner nervioso.

Me senté en el sillón y me relajé. La visión era perfecta. El cristal era muy amplio y estaba justo enfrente, para poder ver todo el interior de la habitación. Al cabo de cinco minutos me dio un vuelco el corazón.

La puerta de la habitación de enfrente se abrió y entró Ana con la mujer. Pude oír todo lo que decían perfectamente. Este espejo de aquí - dijo tocando el cristal por el que yo me asomaba- es la ventana de la otra habitación.

Usted ve un espejo, su novio no. Y él oye todo lo que decimos, pero nosotros no podemos oírlo a él. Para que usted pueda escucharlo, tiene que pulsar este interfono- se fue a una esquina, y pulsó un botón-. Me asusté por un instante, con la polla en la mano.

Sabía que no podían verme, estaba a salvo. Vi un pequeño micrófono al lado mío de la esquina donde la mujer estaba. Hola cariño- Ana sonrió y saludó también. El cajón es por si quiere pasarle algo. Disfruten- y se fue. Yo me quedé callado un instante, y Ana igual, sin saber que hacer. Ella se acercó a la cama, y se sentó. Entonces se acordó, fue hasta el interfono y pulsó el botón. Ambos miramos a la puerta, y se me encogió el estómago.

Entraron tres tíos, totalmente desnudos, con las pollas totalmente erectas. Ana se quedó helada. Los tres tíos eran altos, guapos y muy musculosos. Estaban totalmente depilados, y el negro tenía la cabeza rapada a cero. Cerraron la puerta al entrar y se acercaron a Ana. Ella no podía dejar de mirar sus enormes pollas. Habíamos decidido irnos- entonces me di cuenta que no me escuchaban-. Cariño, pulsa el botón. Pero nadie se inmuto. Ellos se le acercaron y le dieron dos besos.

Juan la agarró por la cintura para acercarla a él, y rozó su miembro con sus vaqueros. Ana estaba muy colorada. Ellos tres la rodearon, y aquellas tres pollas quedaban muy cerca de su cara. Los tres tíos miraban a mi novia con lujuria. Seguro que esa oportunidad no se les presentaba todos los días. Allí iría mucha gente, y ellos tenían que cumplir su trabajo. Seguramente no todas fueran atractivas. Pero encontrarse aquel bombón allí indefensa a su disposición seguro que no se lo esperaban.

Por eso la tía de recepción nos dejó tan poco margen de maniobra. Sólo tuvo que callarme la boca a mí. Aquél dulce no se pillaría todos los días.

Y por si fuera poco, yo les había pagado. Dorian le cogió la mano derecha, y miró el anillo-. Me caso en verano. Es que estoy sucia.

Acabo de salir del trabajo y Ana gimió un poco. Era la primera vez que mi novia besaba a otro hombre. Eso me dolió y me excitó al mismo tiempo. Cuando Dorian se despegó de ella, Ana seguía con los ojos cerrados. Leroy fue el siguiente. Se inclinó y también la besó.

Juan le puso ambas manos en sus mejillas y lo atrajo hacia él, y pude ver la lengua de mi novia salir en busca de la de Juan. Cuando Juan se separó de ella, Ana se lamió sus labios, buscando recoger toda la saliva de su amante. Leroy entonces le levantó los brazos y le quitó la camiseta. Mientras, Dorian y Juan le quitaban los zapatos y le desabrochaban el pantalón. Sus lenguas chocaban y se peleaban, mientras intercambiaban saliva y se mordían con pasión, Leroy movía las caderas, frotando su polla con la espalda desnuda de Ana.

Me la habían jugado bien. No me habían dejado opinar ni un instante. Entonces, sin dejar de besarla, Leroy cogió el sujetador por cada lado y tiró hacia fuera con fuerza, rompiéndolo y dejando los bellos pechos de mi prometida colgando por su gran peso. Dorian y Juan se acercaron y empezaron a lamerlos y besarlos, mientras ella los cogía por el pelo y los aplastaba contra sus tetas.

Tras el beso, Leroy se quitó de su espalda y la tumbó. Luego se puse sobre ella a horcajadas, sentado suavemente sobre su barriga. Mientras, Dorian le terminó de quitar los pantalones, y empezó a restregar su cara por encima de su coño. Ana llevaba unas braguitas negras, que apenas podía contener sus nalgas. Si hubiese sabido que el día acabaría así, se hubiera puesto un tanga.

Sin embrago a aquellos tíos no les importó. No sé por qué no se lo quitaba ya y saboreaba sus jugos. Esos jugos que hasta aquel momento eran sólo míos. Dorian la masturbó un poco por encima de las bragas, y yo podía oír los gemidos de Ana, ahogados por el beso que le estaba dando el negro. Tras un instante así, y cuando parecía que Ana iba a correrse, Leroy se levantó y se puso de pie.

Juan incorporó a mi novia, y la sentó en el borde de la cama. Tenía los labios muy mojados y respiraba con rapidez. Dorian y Juan se pusieron a cada lado de ella, y acercaron sus enormes pollas.

No hizo falta decir nada. Ana las miró un instante, y acto seguido las agarró con sus manos, las apretó con fuerza y empezó a masturbarlos. Ellos empezaron a gemir. Mientras, Leroy en cuclillas entre sus piernas, le acariciaba los pechos y la masturbaba.

Ana empezó a gemir, pero Dorian suavemente le cogió la cara y se la acercó a su polla. Ella entendió el mensaje, y se metió aquel pedazo de carne en la boca.

Mientras con la mano le acariciaba los huevos. Mi habitación se inundó de sonidos de succiones, de absorber de babas, y gemidos masculinos y femeninos.

Veía el anillo de compromiso a la distancia, en su mano que rodeaba aquel pollón, y tenía que parar para no correrme. Estuvieron así unos minutos, y luego Leroy se levantó y empujó a Ana, para tumbarla. Después le quitó por fin las bragas, descubriendo el hermoso coño de mi prometida. Brillaba por los jugos, y tenía vello de dos días. Dorian cogió las bragas y para mi sorpresa, se acercó al cajón, las depositó dentro, y lo cerró.

Después sonrió mirando al espejo y volvió junto a mi novia. Me levanté y recogí las bragas. Por eso no se la habían quitado. Querían que se mojaran. Estaban algo sucias, ya que las había llevado puestas todo el día, pero en la zona del coño podía notarse los jugos que acababa de echar.

Estaban muy mojadas, y olían muchísimo a coño. Me excité sobre manera. Reconocía muy bien ese olor, y me moría por sumergirme entre las piernas de novia, y recoger todo lo que saliera por su sagrado agujero. Pero por desgracia no iba a ser yo el que lo hiciera. Me senté y me conformé con sus bragas mojadas. Leroy le sujetó las piernas para mantenerlas bien abiertas, y empezó a lamerle el coño. Mientras los otros dos se pusieron de rodillas en la cama a cada lado y ella los masturbó.

El negro chupaba y chupaba, y llegaban hasta mi habitación los sorbidos, lameteos, y los escupitajos que le echaba. Ana no paraba de gemir y en un par de minutos tuvo un gran orgasmo, lanzando grandes gritos y arqueando la espalda.

Cuando se recuperó, apartó a Leroy de su coño y dijo. Estaba deseando hacerme un total cornudo, y follar por fin con otro hombre, en mis narices. Pero tienes que coger los condones. Tienes que pedírselos a tu novio, que te los pase por el cajón. Los tres tíos sonrieron. Yo me quedé paralizado. Ana también parecía confusa, pero estaba realmente cachonda, y necesitaba una polla dentro ya, de modo que se levantó y caminó hacia el espejo.

Miré a mí alrededor. Había un pequeño armario debajo del lavabo, así que me acerqué y lo abrí. Había un par de estanterías, todas llenas de cajas de condones. Cogí una, la puse en el cajón y lo cerré. Ana sonrió, y los cogió al otro lado y se acercó a sus amantes. Sin embargo Leroy dijo. Me volví a sentar y continué pajeandome. Mientras, Ana volvió a la cama, sonriente. Los tíos no habían perdido la erección ni por un instante.

Los tres esperaban a su presa de pie, polla en ristre. Mi prometida sacó un condón, dejó el resto en el suelo, y se arrodilló frente a Leroy. Se la meneó un poco y luego le puso la goma.

La chupó después un poco para lubricarla. Entonces Leroy la cogió en brazos y la depositó en la cama boca arriba. Le abrió bien las piernas, y apuntó con su polla el chorreante agujero de mi novia, cuyos jugos ya resbalaban hasta su ano. Ana lanzó un gran grito de dolor. Leroy le dejó la polla dentro unos instantes, disfrutando de su calor y su humedad. Yo no podía ver mucho. Sólo la espalda de Leroy, las piernas de mi novia rodeando la espalda del negro, y sus calcetines rosas. Se estaban follando a mi novia.

Sin embargo aun quedaban otras muchas pollas por entrar allí ese día. Leroy empezó a sacarla y a meterla lentamente, hasta dejar dentro sólo el capullo. Ana empezó a acostumbrarse, y sus gemidos de dolor fueron sustituidos por los de placer. Mientras, Juan y Dorian estaban de rodillas junto a su cara, y jugueteaban pasando sus pollas cerca de la boca de Ana. Ésta intentaba cazarlas y darles lametones. En mi habitación si había aire acondicionado, pero en la otra no.

Leroy empezaba a sudar, y las gotas resbalaban por su trasero y se deslizaban sobre los dedos de mi novia, impregnando el anillo. Ante aquella visión y con los gemidos de mi novia de fondo me corrí. Ella había empezado a chupar las otras dos pollas, intermitentemente, mientras las meneaba. Así estuvieron unos 10 minutos, sin parar. Cada cierto tiempo, se agarraba con fuerza a la espalda de aquel negro y empezaba a gemir con fuerza, moviendo su pelvis para clavarse mejor la polla.

Por fin, tras un cuarto de hora, Leroy empezó a resoplar, aumentando el ritmo, y lanzando grandes gritos de placer.

Después de correrse se detuvo y permaneció dentro de ella unos segundos. Luego la beso, y se quitó de encima. Ana estaba boca arriba, muy cansada y despeinada. Sus hermosos pechos brillaban en el sudor de aquel tío, que resbalaba por su vientre. Su coño estaba muy abierto, y rojo. Sin darle un segundo de descanso, el siguiente tío se puso encima, y continuó metiéndosela.

Ella volvió a empezar a gemir. Era Juan, y este apenas sacaba su polla. La tenía metida hasta el fondo, y la sacaba apenas unos centímetros, y volvía a meterla hasta el fondo, chocando con la pelvis de mi novia, produciendo sonoros golpes y sonidos de chapoteo. El muy cabrón se acercó al cajón, lo soltó dentro, y lo cerró. Después me sonrió y volvió a la cama. Me acerqué al cajón, y allí estaba el condón que se había follado a mi novia, lleno de semen. Por fuera estaba muy mojado y pringado también, con muchos grumos blancos de los flujos de mi novia.

Recordaba cuando mis condones se quedaban así. Eran veces en las que Ana se había derretido de placer, y los polvos fueron memorables. Olía fuertemente a coño y polla, que impregnó toda la habitación. Leroy lo vio, y se acercó. Bueno, pues si insistes se lo daré a ella. El tío cogió el condón de nuevo y se acercó a la cama.

A Ana nunca le había gustado tocar nuestros condones usados. Le daban mucho asco, y siempre tenía que ser yo el que los comprobara y tirara. Nos vestimos en un santiamén y desmonto las tres paredes improvisadas en la mitad del salón. Una vez todo listo, nos sorprendemos de que su padre no haya intentado entrar. Llego al baño y abro la ducha, me meto incluso con el agua fría, esperando despertarme de un sueño.

Abro el grifo de agua caliente y me apoyo en una de las paredes de la ducha. Pasan por mi cabeza las 7 vergas que probé hace un rato, y aunque no entiendo bien porqué, intento visualizarlas con detalle intentando averiguar cual de ellas puede ser. La quinta polla, o mejor llamada, "el pollón" Un escalofrío recorre mi cuerpo, comienzo a excitarme de una forma que nunca había sentido. Tiemblo, y tengo las manos heladas pese a estar bajo la ducha ardiente.

Paso la mano llena de jabón por la entrepierna, y me activo en seguida, me tiembla todo, no entiendo que me pasa. Me comienzo a frotar mientras me abro las piernas todavía apoyada en la pared de la ducha. Joder que caliente estoy! Mari abre los ojos sobresaltada:. Me meto en la ducha, ya desnudo y con cierta erección de verla en ese estado. Busco su boca, y la beso bajo el chorro de agua de la ducha.

Manoseo sus tetas y rozo mi entrepierna con su vientre. La separo un poco de la pared para abrazarla y cogerla en peso. Ella me rodea con sus piernas y yo la empotro contra la pared de la ducha. Su cabeza golpea la pared de la ducha, pero no quiero parar de bombear en ella. El agua de la ducha me cae por la cabeza, y se desliza por mi pecho sin vello.

Las preciosas tetas de Mari saltan delante de mi cara y nos besamos con las lenguas fuera de nuestras bocas. Subo una mano y la coloco agarrando su cuello. No hago presión, pero me excita tenerla agarrada así. David me embiste con fuerza, y no me llega. No dejo de pensar en lo que pasó antes.

Me voy a correr, ya no sé cuantos llevo hoy Siento a Mari convulsionar, su coño me aprieta fuerte y su mirada se pierde en el techo de la ducha.. Yo me vengo antes dentro de ella, y con mis ultimas embestidas la llevo conmigo. Ella tiembla y tengo que agarrarla con fuerza para que no se desplome. Jadea en mi oído mientras se desarma. Con todo el ajetreo se nos ha hecho tarde, y tras salir de la ducha nos vamos directamente a vestir.

No hablamos nada mas sobre el tema y nos pusimos de camino a casa de sus padres, ya que nos habían invitado a cenar. Dentro, todo esta preparado para la cena, una mesa delicadamente decorada por Julia, con un estilo exquisito. La cena transcurre con cierta tranquilidad, aunque con algo de morbo, seguro que sus padres no se imaginarían lo que hemos hecho hoy. Al final he podido mediar y todo ha salido bien. Sin embargo hubo un detalle que me resultó llamativo.

Puede ser él, puede ser el del pollón!! Tan cortado el, y luego me trae a 7 maromos para que les limpie el sable! Sin embargo mis palabras no hacen efecto y su mano ahora sigue la forma de mi polla en constante crecimiento. Mis suegros se van a su cuarto y cierran la puerta con pestillo.

No pasaron ni dos minutos cuando su "tesoro" ya me la estaba chupando, muy cerda, engullendo mi polla hasta la campanilla. Pero sus gemidos eran bien perceptibles. Me separo un poco de la mesa para permitirle sentarse mejor. Es un morbo absoluto escuchar a madre e hija gimiendo, aunque estén en habitaciones distintas. Con desesperación, levanto su top y sujetador dejando malamente fuera sus tetas. Aprieto y separo sus bonitas peras, estimulando sus pezones con mis dedos. Su estrecho ano me acepta, como puede, y poco a poco se dilata.

Qué maravilla de culo!. Aprovechando la postura bajo una mano y la apoyo en su coño, intentando abarcarlo todo. Yo me quedo quieto y disfruto de sus saltos, bestias, hasta el fondo Cuando mas cachondos estamos, escuchamos ruido en la habitación de sus padres. Ya han terminado de follar. Nos asustamos y nos corta el rollo al momento. Tuvimos hasta que encenderla, pues estaba apagada.

De reojo veo para su pijama, de suave tela brillante, intentado ver su bulto. Nunca me imaginé que acabaría mirando para el paquete de mi padre, todo lo que ha pasado hoy me ha dejado fuera de juego y necesito salir de dudas, quiero saber cual de aquellas pollas le pertenecía. Mi padre había sido muy discreto en eso, nunca se mostraba desnudo en casa. Creo que de momento me tendría que conformar con sesiones de voyerismo. Joder me duele la mandíbula y el culo, menudo día. Me levanto y me despido de mi suegro.

Mari contonea su culo en el camino hacia la puerta. Al llegar al coche nos damos el lote por un buen rato, hasta que vemos la silueta del suegro vigilando por la ventana del salón. Joder menudo día hoy. Me voy directa a la cama, estoy reventada.

Una vez en el silencio de mi habitación recapitulo todo lo sucedido hoy. Lo morbosa de la sorpresa, la verdad no me lo esperaba. Me hubiese gustado follar con todos, o que varios me follasen a la vez. Se puede decir ahora que David y yo tenemos una relación liberal. Pero lo de mi padre no abandonaba mi cabeza Al día siguiente, me despierto con la luz de la mañana ya que me olvidé de bajar la persiana.

La cabeza me va a estallar, tengo como media resaca y me siento en la cama. Me veo y descubro que tengo puesta la ropa de ayer, me quedé dormida vestida. Busco en el cajón de la mesilla una muda y una camiseta y me levanto para darme una ducha. Salgo de la habitación, la casa parece en silencio.

En ese momento todo me vuelve a la mente, joder! Necesito saber cómo es su polla para intentar asociarlas con las del otro día. No lo sé, pero quiero saberlo para poder olvidarme del tema complemente.

Nerviosa, temblorosa, asomo la cabeza por el hueco de la puerta. Tendré que esperar a que salga, pero es mucho riesgo. Entonces, se me ocurre otra idea, la ventana, que es de estas de subir hacia arriba, esta algo subida y tiene un pequeño tope para que no se baje. Es una rendija pequeña, pero suficiente para una mirada discreta.

Pero me da igual, ahora no me voy a frenar. Llego delante de la ventana, todavía escucho el ruido de la ducha y me doy cuenta que me falta un poco para llegar a la rendija, por lo que coloco un bloque en el suelo y me subo. De pronto, el agua de la ducha deja de correr.

La mampara comienza a abrirse y bajo la mirada a media altura, donde debería asomarse mi objetivo. Tengo que buscar una forma de poder identificarla. La verdad tiene un buen cuerpo para la edad que tiene, mi madre debe de estar muy contenta. Entonces, cuando se gira hacia un lado, lo tengo claro "un lunar! Sólo tendré que revisar el video y ver cual de ellas tiene ese lunar. En unos 10 minutos ya estaba duchada y vestida, hoy un vestido de una pieza amarillo.

Veo a mi padre ya vestido y no me da pudor ninguno saber que hace un rato lo he estado espiando. Le mando un whatsapp a David, "estoy caliente, quiero polla, me vienes a buscar?

Le doy la mano y salimos, hace una mañana estupenda. Nos vamos al coche y una vez dentro, nos damos el lote. Pronto me doy cuenta del error. Mierda, mierda mierda y mierda! Me da vergüenza verme grabada en video y ya no digo mientras tengo sexo.

Sólo me queda una opción para salir de dudas. Estiro las manos para agarrarla por las nalgas desnudas debido al vestido que lleva y al mini tanga. Mari es demasiado ardiente, incluso para mí. Deslizo los tirantes de su vestido y comienzo a mamarle las tetas, a turnos. Estoy duro como una piedra y la llevo en peso por el comedor, buscando cualquier mesa o lo que se le parezca para tumbarla. Una vez apoyada, levanto su vestido y separo su braga, para hundir mi boca en su raja burbujeante.

Yo no le contesto pues no quiero separar ni un centímetro mi boca de su humedad, quiero fundirme en su entrepierna y sus manos sobre mi cabeza empujando lo consiguen. Busco cada rincón, lamiendo cada gota de su flujo. Joder que perra estoy Me incorporo y tomo el control de la situación, busco la boca de mi chico, sabe a mí y me excita mucho. Bufff que maravilla sentirse llena otra vez. Estoy convencida de que soy ninfómana, tengo demasiado necesidad. Quiero llegar a mi orgasmo cuanto antes, me la suda si el se corre o no.

El primero lo quiero ya La siento muy guarra moviéndose sobre mi, tanto que deslizo uno de mis dedos hasta su ano y lo estimulo mientras me cabalga. Esta vez estoy con los ojos sin vendar y llegar a la habitación y ver el cubiculo ahí preparado me provoca una tensión increíble. No sé si quiero que mi padre acuda o no.

. Gloryhole frote hacia abajo

Puede participar para ser humillado y si lo quiere también puede ser penetrado, atado, dar sexo oral o masturbarse etc. También disponemos de cinturones de castidad masculinos si lo desean, o puede simplemente limitarse a mirar. Si no le interesa, sólo tienen que irse, sin compromiso. Si quieren pueden rellenar el formulario y les haré un presupuesto.

Los condones vienen incluidos en el precio- al terminar de hablar, nos señaló los asientos-. Y vosotros tampoco a ellos. Tenemos a muchos clientes que prefieren no darse a conocer. Nos sentamos muy nerviosos, y cerramos la cortina. No se nos veían ni los pies, ya que arrastraba. Yo tragaba saliva después de todo lo que había escuchado. Aquello parecía muy serio.

Eso relajaba bastante, ya que no agobiaba y nos dejaba total libertad. Nos podíamos tomar todo el tiempo que quisiésemos. Decidimos leer el formulario entero, e ir marcando por encima. Yo también me reí. Nos miramos, y al final puso 3, con una sonrisa picarona. Yo me sorprendí y también reí.

Puso todo tipo de razas, tamaño preferente grande y hombre preferentemente alto y musculoso. Yo también notaba un bulto en los pantalones. Luego había otras opciones para el cornudo, tales como humillación, sumisión etc.

Nos levantamos colorados y preguntamos si podíamos salir. Ella dijo que si. Entonces descorrimos la cortina, nos acercamos a ella y le dimos el papel, para ver si estaba correctamente relleno. Ella lo cogió y lo ojeó por encima. Vi como Ana miraba a otro lado, intentando disimular. Pero la mujer era muy profesional. Puede alargarse dependiendo de la situación. Aseguramos un servicio excelente. Miré a Ana, y ella me devolvió la mirada con la misma cara de asombro.

Pensé que estaban de acuerdo. Sino, no pasa nada, no se preocupen. Les puedo dar otra fecha Es que nos ha sorprendido la rapidez, pero supongo que ahora podemos, no tenemos nada que hacer Mi tono de voz dejaba claro que sólo era una pregunta de cortesía.

Yo había ido allí sólo para mirar y tal vez si se pudiese hacer un trío, participar. Pero descartado eso, no tenía ninguna intención de quedarme. Me moría de ganas de echarle un polvo a mi novia, y quería irme cuanto antes. No aceptaba un acuerdo entre los dos con el socorrido "no se Yo gruñí un poco, pero me mordí la lengua. Las seguí, dispuesto a detenerlo todo si llegaba demasiado lejos. Atravesamos la puerta de la derecha y entramos en un pasillo muy largo e iluminado, lleno de puertas a la derecha y espejos a la izquierda.

A mitad del trayecto había unas escaleras, subimos un par de pisos y llegamos a la habitación , que era la que nos habían dado.

La mujer abrió con llave. Yo estaba muy nervioso, me sudaban las manos y Ana respiraba entrecortadamente, excitada y nerviosa. Sus ojos brillaban de lujuria. Era un cuarto amplio, de unos 3 metros cuadrados. Tenía una sola luz en el techo, y la puerta por dentro tenía un pestillo.

Frente a la puerta había un gran cristal rectangular, que daba a otra habitación justo enfrente. En el suelo, justo debajo había una especie de cajón, que conectaba ambas habitaciones. Al cerrarse en ésta, se habría en la otra, y viceversa. La otra habitación tenía las paredes llenas de espejos, y una gran cama de matrimonio en el centro.

El pensar que en aquella cama dentro de muy poco Ana podía estar follando y gimiendo con otro tío me excitaba, pero al mismo tiempo me horrorizaba. Me iba a reventar la polla, y decidí detenerlo todo de una vez, para poder volver a casa y follarme a mi novia, como debe ser. Pero la mujer vio que iba a abrir la boca y se adelantó.

Yo fui a decir que aun no era seguro, pero Ana me dio su pequeño bolso del trabajo y el móvil que tenía en el bolsillo-.

Se dieron la vuelta para irse, sin dejarme decir nada. No me daba tiempo a pensar, y no captó o no quiso captar la mirada que le eché, del tipo: No estaba dispuesta a irse, y me daba vergüenza hablar con Ana si ella estaba delante. Me agobié un poco, pero Ana me miraba con ojitos suplicantes. La mujer rompió el silencio. Luego los dejaré solos para que puedan tomar la decisión final. Ana sonrió, me dio un pico y se fue. Yo las vi irse desde la puerta. No la llevaba a la habitación de al lado, sino que fueron hasta la escaleras y empezaron a bajarlas.

Seguramente en las puertas de al lado hubiese habitaciones similares a la mía, y la de enfrente estuviese entrando por la puerta izquierda del recibidor. A saber donde la llevaban. Seguramente lo hicieran para que no pudieras cambiar de opinión e ir a impedir que se trajinaran a tu chica. Si ella quería, yo no iba a poder hacer nada. No sabías donde estaba, de modo que Me dio muchísimo coraje, pero tuve que agarrarme la polla con fuerza. Me moría de los nervios.

Cerré la puerta y eché el pestillo. Puse todas las cosas en el suelo, en una esquina. Tenía ganas de mear, pero mi polla tenía un tamaño tal que no sería capaz de orinar. En medio de la habitación había un sillón muy cómodo, recubierto con una amplia toalla que lo rodeaba entero. Nadie entraba en la habitación de enfrente, así que me empecé a poner nervioso.

Me senté en el sillón y me relajé. La visión era perfecta. El cristal era muy amplio y estaba justo enfrente, para poder ver todo el interior de la habitación. Al cabo de cinco minutos me dio un vuelco el corazón. La puerta de la habitación de enfrente se abrió y entró Ana con la mujer. Pude oír todo lo que decían perfectamente. Este espejo de aquí - dijo tocando el cristal por el que yo me asomaba- es la ventana de la otra habitación. Usted ve un espejo, su novio no.

Y él oye todo lo que decimos, pero nosotros no podemos oírlo a él. Para que usted pueda escucharlo, tiene que pulsar este interfono- se fue a una esquina, y pulsó un botón-. Me asusté por un instante, con la polla en la mano. Sabía que no podían verme, estaba a salvo.

Vi un pequeño micrófono al lado mío de la esquina donde la mujer estaba. Hola cariño- Ana sonrió y saludó también. El cajón es por si quiere pasarle algo. Disfruten- y se fue. Yo me quedé callado un instante, y Ana igual, sin saber que hacer.

Ella se acercó a la cama, y se sentó. Entonces se acordó, fue hasta el interfono y pulsó el botón. Ambos miramos a la puerta, y se me encogió el estómago. Entraron tres tíos, totalmente desnudos, con las pollas totalmente erectas. Ana se quedó helada.

Los tres tíos eran altos, guapos y muy musculosos. Estaban totalmente depilados, y el negro tenía la cabeza rapada a cero. Cerraron la puerta al entrar y se acercaron a Ana. Ella no podía dejar de mirar sus enormes pollas. Habíamos decidido irnos- entonces me di cuenta que no me escuchaban-. Cariño, pulsa el botón.

Pero nadie se inmuto. Ellos se le acercaron y le dieron dos besos. Juan la agarró por la cintura para acercarla a él, y rozó su miembro con sus vaqueros. Ana estaba muy colorada. Ellos tres la rodearon, y aquellas tres pollas quedaban muy cerca de su cara.

Los tres tíos miraban a mi novia con lujuria. Seguro que esa oportunidad no se les presentaba todos los días. Allí iría mucha gente, y ellos tenían que cumplir su trabajo.

Seguramente no todas fueran atractivas. Pero encontrarse aquel bombón allí indefensa a su disposición seguro que no se lo esperaban. Por eso la tía de recepción nos dejó tan poco margen de maniobra. Sólo tuvo que callarme la boca a mí.

Aquél dulce no se pillaría todos los días. Y por si fuera poco, yo les había pagado. Dorian le cogió la mano derecha, y miró el anillo-. Me caso en verano. Es que estoy sucia. Acabo de salir del trabajo y Ana gimió un poco. Era la primera vez que mi novia besaba a otro hombre.

Eso me dolió y me excitó al mismo tiempo. Cuando Dorian se despegó de ella, Ana seguía con los ojos cerrados. Leroy fue el siguiente. Se inclinó y también la besó. Juan le puso ambas manos en sus mejillas y lo atrajo hacia él, y pude ver la lengua de mi novia salir en busca de la de Juan. Cuando Juan se separó de ella, Ana se lamió sus labios, buscando recoger toda la saliva de su amante.

Leroy entonces le levantó los brazos y le quitó la camiseta. Mientras, Dorian y Juan le quitaban los zapatos y le desabrochaban el pantalón. Sus lenguas chocaban y se peleaban, mientras intercambiaban saliva y se mordían con pasión, Leroy movía las caderas, frotando su polla con la espalda desnuda de Ana. Me la habían jugado bien. No me habían dejado opinar ni un instante. Entonces, sin dejar de besarla, Leroy cogió el sujetador por cada lado y tiró hacia fuera con fuerza, rompiéndolo y dejando los bellos pechos de mi prometida colgando por su gran peso.

Dorian y Juan se acercaron y empezaron a lamerlos y besarlos, mientras ella los cogía por el pelo y los aplastaba contra sus tetas. Tras el beso, Leroy se quitó de su espalda y la tumbó. Luego se puse sobre ella a horcajadas, sentado suavemente sobre su barriga.

Mientras, Dorian le terminó de quitar los pantalones, y empezó a restregar su cara por encima de su coño. Ana llevaba unas braguitas negras, que apenas podía contener sus nalgas. Si hubiese sabido que el día acabaría así, se hubiera puesto un tanga. Sin embrago a aquellos tíos no les importó. No sé por qué no se lo quitaba ya y saboreaba sus jugos.

Esos jugos que hasta aquel momento eran sólo míos. Dorian la masturbó un poco por encima de las bragas, y yo podía oír los gemidos de Ana, ahogados por el beso que le estaba dando el negro. Tras un instante así, y cuando parecía que Ana iba a correrse, Leroy se levantó y se puso de pie.

Juan incorporó a mi novia, y la sentó en el borde de la cama. Tenía los labios muy mojados y respiraba con rapidez. Dorian y Juan se pusieron a cada lado de ella, y acercaron sus enormes pollas. No hizo falta decir nada. Ana las miró un instante, y acto seguido las agarró con sus manos, las apretó con fuerza y empezó a masturbarlos.

Ellos empezaron a gemir. Mientras, Leroy en cuclillas entre sus piernas, le acariciaba los pechos y la masturbaba. Ana empezó a gemir, pero Dorian suavemente le cogió la cara y se la acercó a su polla. Ella entendió el mensaje, y se metió aquel pedazo de carne en la boca. Mientras con la mano le acariciaba los huevos. Mi habitación se inundó de sonidos de succiones, de absorber de babas, y gemidos masculinos y femeninos.

Veía el anillo de compromiso a la distancia, en su mano que rodeaba aquel pollón, y tenía que parar para no correrme. Estuvieron así unos minutos, y luego Leroy se levantó y empujó a Ana, para tumbarla. Después le quitó por fin las bragas, descubriendo el hermoso coño de mi prometida. Brillaba por los jugos, y tenía vello de dos días. Dorian cogió las bragas y para mi sorpresa, se acercó al cajón, las depositó dentro, y lo cerró.

Después sonrió mirando al espejo y volvió junto a mi novia. Me levanté y recogí las bragas. Por eso no se la habían quitado. Querían que se mojaran. Estaban algo sucias, ya que las había llevado puestas todo el día, pero en la zona del coño podía notarse los jugos que acababa de echar. Estaban muy mojadas, y olían muchísimo a coño. Me excité sobre manera. Reconocía muy bien ese olor, y me moría por sumergirme entre las piernas de novia, y recoger todo lo que saliera por su sagrado agujero.

Pero por desgracia no iba a ser yo el que lo hiciera. Me senté y me conformé con sus bragas mojadas. Leroy le sujetó las piernas para mantenerlas bien abiertas, y empezó a lamerle el coño.

Mientras los otros dos se pusieron de rodillas en la cama a cada lado y ella los masturbó. El negro chupaba y chupaba, y llegaban hasta mi habitación los sorbidos, lameteos, y los escupitajos que le echaba.

Ana no paraba de gemir y en un par de minutos tuvo un gran orgasmo, lanzando grandes gritos y arqueando la espalda. Cuando se recuperó, apartó a Leroy de su coño y dijo. Estaba deseando hacerme un total cornudo, y follar por fin con otro hombre, en mis narices. Pero tienes que coger los condones. Tienes que pedírselos a tu novio, que te los pase por el cajón. Los tres tíos sonrieron. Yo me quedé paralizado. Ana también parecía confusa, pero estaba realmente cachonda, y necesitaba una polla dentro ya, de modo que se levantó y caminó hacia el espejo.

Miré a mí alrededor. Había un pequeño armario debajo del lavabo, así que me acerqué y lo abrí. Había un par de estanterías, todas llenas de cajas de condones. Cogí una, la puse en el cajón y lo cerré. Ana sonrió, y los cogió al otro lado y se acercó a sus amantes. Sin embargo Leroy dijo. Me volví a sentar y continué pajeandome. Mientras, Ana volvió a la cama, sonriente. Los tíos no habían perdido la erección ni por un instante. Los tres esperaban a su presa de pie, polla en ristre. Mi prometida sacó un condón, dejó el resto en el suelo, y se arrodilló frente a Leroy.

Se la meneó un poco y luego le puso la goma. La chupó después un poco para lubricarla. Entonces Leroy la cogió en brazos y la depositó en la cama boca arriba. Le abrió bien las piernas, y apuntó con su polla el chorreante agujero de mi novia, cuyos jugos ya resbalaban hasta su ano. Ana lanzó un gran grito de dolor.

Leroy le dejó la polla dentro unos instantes, disfrutando de su calor y su humedad. Yo no podía ver mucho. Sólo la espalda de Leroy, las piernas de mi novia rodeando la espalda del negro, y sus calcetines rosas.

Se estaban follando a mi novia. Sin embargo aun quedaban otras muchas pollas por entrar allí ese día. Leroy empezó a sacarla y a meterla lentamente, hasta dejar dentro sólo el capullo. Ana empezó a acostumbrarse, y sus gemidos de dolor fueron sustituidos por los de placer.

Mientras, Juan y Dorian estaban de rodillas junto a su cara, y jugueteaban pasando sus pollas cerca de la boca de Ana.

Ésta intentaba cazarlas y darles lametones. En mi habitación si había aire acondicionado, pero en la otra no. Leroy empezaba a sudar, y las gotas resbalaban por su trasero y se deslizaban sobre los dedos de mi novia, impregnando el anillo. Ante aquella visión y con los gemidos de mi novia de fondo me corrí. Ella había empezado a chupar las otras dos pollas, intermitentemente, mientras las meneaba.

Así estuvieron unos 10 minutos, sin parar. Cada cierto tiempo, se agarraba con fuerza a la espalda de aquel negro y empezaba a gemir con fuerza, moviendo su pelvis para clavarse mejor la polla. Por fin, tras un cuarto de hora, Leroy empezó a resoplar, aumentando el ritmo, y lanzando grandes gritos de placer.

Después de correrse se detuvo y permaneció dentro de ella unos segundos. Luego la beso, y se quitó de encima. Ana estaba boca arriba, muy cansada y despeinada. Sus hermosos pechos brillaban en el sudor de aquel tío, que resbalaba por su vientre. Su coño estaba muy abierto, y rojo. Sin darle un segundo de descanso, el siguiente tío se puso encima, y continuó metiéndosela. Ella volvió a empezar a gemir. Era Juan, y este apenas sacaba su polla.

La tenía metida hasta el fondo, y la sacaba apenas unos centímetros, y volvía a meterla hasta el fondo, chocando con la pelvis de mi novia, produciendo sonoros golpes y sonidos de chapoteo. El muy cabrón se acercó al cajón, lo soltó dentro, y lo cerró. Después me sonrió y volvió a la cama. Me acerqué al cajón, y allí estaba el condón que se había follado a mi novia, lleno de semen. Por fuera estaba muy mojado y pringado también, con muchos grumos blancos de los flujos de mi novia.

Recordaba cuando mis condones se quedaban así. Eran veces en las que Ana se había derretido de placer, y los polvos fueron memorables. Olía fuertemente a coño y polla, que impregnó toda la habitación. Leroy lo vio, y se acercó. Bueno, pues si insistes se lo daré a ella. El tío cogió el condón de nuevo y se acercó a la cama.

A Ana nunca le había gustado tocar nuestros condones usados. Le daban mucho asco, y siempre tenía que ser yo el que los comprobara y tirara. Tras terminar, ella perdía la excitación, y no quería tocarlo. Si se lo acercaba, le cortaría el rollo, y seguramente eso terminaría ahí.

Leroy le susurró algo a Juan. Éste retiró su nabo del coño de Ana, por lo que ella se quejó. Antes sólo veía el culo del tío, pero ahora podía incluso ver la polla entrando, como le manoseaba las tetas, la besaba y la chupaba. Ana estaba encantada, masturbando con una mano a Dorian, y con la otra agarraba al tío que la follaba por el cuello, para acercarlo de vez en cuando y besarlo.

Mi chica tenía la cabeza apoyada en el colchón, los ojos cerrados y respiraba cansada. El sudor resbalaba por su frente. Leroy entonces se sentó en el borde inferior de la cama, junto a su cabeza. Me miró y sonrió, y luego le acercó el condón a la cara. Aquello terminaría en breve. Entonces podríamos irnos de una vez. Aquello empezaba a hartarme. Después de haberme corrido, las cosas se veían de otra forma. Así pues, con aquella esperanza, vi como Leroy posaba el condón a escasos centímetros de la mejilla de Ana, y la movía para que abriera los ojos.

Para mi sorpresa, no se apartó, ni siquiera hizo un movimiento. Tan sólo lo miró. Debía estar tremendamente excitada para hacer aquello, cosa que nunca había hecho conmigo. Por si fuera poco, Leroy, tras sonreírme otra vez, cogió el condón por la punta, y le dio la vuelta sobre la boca de Ana. Ésta la abrió sin pensarlo, y el semen empezó a resbalar a lo largo del condón, hasta su apertura. Después empezó a salir, y se quedó colgando.

Esta lo tocó con su lengua, y acto seguido cerró la boca, absorbiéndolo. Leroy no dejaba de sonreír de oreja a oreja, y cogiendo el condón por la punta con dos dedos, usó el índice, el corazón y el pulgar de la otra mano para aplastarlo e ir deslizando los dedos hacia abajo, a lo largo del condón para exprimirlo y que saliera todo. Ana lo recibía con la boca bien abierta, hasta que no quedó nada.

Pero Leroy aun no tenía suficiente. Le introdujo la entrada del condón en la boca, y Ana lo atrapó entre sus labios y empezó a chuparlo. Después Leroy se lo metió entero. Mi novia con el condón en la boca empezó a saborearlo, con los ojos cerrados, y a paladearlo. Empezaba a hacerse espuma seminal en su boca, y le resbalaba por la comisura de los labios. Leroy entonces metió dos dedos en su boca, cogió el condón y se lo sacó, babeado. Lo puso entre sus pechos y se lo restregó por sus tetas y barriga, mientras Ana tragaba y se lamía los labios para coger cualquier resto.

Yo estaba totalmente atónico y excitado. Mi polla volvía a estar totalmente dura. Para acabar, Leroy se levantó y tiró el condón contra el cristal. Por las babas y el semen, se quedó pegado. Allí estaba, el condón que me había hecho cornudo. Nunca pensé que mi novia llegase a ser tan guarra. El hecho de verse follando con tres tíos buenos, sabiendo que yo la observaba la ponía a mil.

Pero esta esperanza me la echó de nuevo por tierra Leroy. Tras hacer la gracia del condón, se puso de pie junto a Dorian, y empezó a masturbarse. En apenas unos segundos, volvía a tener la polla completamente tiesa. Si se había corrido hacía un par de minutos. Esos tíos eran auténticos sementales, completamente incansables.

De momento desde luego no tenía pinta que aquello fuera a ocurrir. Ana lanzaba grandes suspiros, cansada, igual que Juan. Se miraban a los ojos, Juan la besó y se quitó de encima. Sin embargo no la dejaron en paz ni un segundo. Juan y Leroy cogieron a mi novia y la pusieron a horcajadas sobre él.

Pude ver sus grandes pechos erguidos, y el semen resbalando lentamente por su peso. Dorian empezó a bombearla, mientras Leroy usó la camiseta de Ana para limpiarle el semen y las babas de su barriga y tetas. Leroy y Juan la sujetaban para mantenerla erguida, guiando la mano de Ana hacia sus poyas, para que las masturbara.

Tras unos minutos, Ana adquirió el control. Apoyó sus manos en el pecho de Dorian, y empezó a moverse ella. Dorian se quedó quieto y dejó que ella se ensartara sola. Ana estaba totalmente excitada. Cogió la mano de Dorian, e hizo que le sobara las tetas y le pellizcase los pezones.

Después siguió cabalgando sin descanso. A veces se encorvaba para besar a su follador, o para lamerle el cuello y los pectorales.

Unos instantes después abrió los ojos y miró fijamente a su amante. Después lo besó y le metió la lengua hasta el fondo. Dorian agarró con fuerza sus nalgas para ponerla a su ritmo, y entonces empezó a dar rapidísimos movimientos de pelvis, mientras gemía y hacía casi gritar a Ana. Se oían los fuertes choques de sus cuerpos, y en unos segundos ambos se corrieron.

Esa imagen nunca la olvidaré. Ana sujetaba la cabeza de Dorian, con las manos en su pelo, contra su cuello, al tiempo que miraba al frente, al cristal.

Tras ese intenso instante, se quedaron abrazados, jadeando con fuerza, mientras se les estabilizaba el pulso. En un momento dado, Leroy se acercó al cristal y me dijo. Estaba hablando del culo de mi novia el muy cabrón, y lo decía con toda tranquilidad. De ninguna manera le daría ese lubricante. Se tendría que quedar con las ganas de encular a Ana. Leroy, al ver que el cajón no se abría, sonrió-. Se dirigió a la cama, donde Dorian y Ana seguían abrazados, ella encima de él, descansando.

Leroy la hizo levantarse y la puso a cuatro patas, con el culo bien en pompa apuntando hacia mí. Ella apoyó la cara en el colchón, sin dejar de jadear. Entonces Leroy sumergió su cara entre las nalgas de mi novia, y empezó a chupar y chupar. Dorian mientras introdujo una mano entre sus piernas y empezó a acariciar su clítoris.

Juan entre tanto, se colocó en el borde de la cama y abrió bien con sus manos las nalgas de Ana, para que su ano quedase bien accesible. Ana suspiró, no supe muy bien si de placer o de molestia. En cualquier caso, Leroy lo sacó acto seguido y lo alzó. Introdujo dos dedos y luego tres, mientras Ana ya empezaba a quejarse. Así yo podía verla de perfil. Se escupió también la poya, y puso la punta en aquel hermoso ano.

Después empezó a empujar, gimiendo de placer. Leroy no tuvo problemas, y tras tres o cuatro intentos, consiguió traspasar el esfínter e introdujo su glande. Sus ojos estaban apretados, y se mordía el labio. Dorian no dejaba de masturbarla, y ella una vez pasado el dolor del principio, buscó con una mano la poya de Juan, para empezar a masturbarla. Al cabo de unos minutos, yo volvía a masturbarme. Leroy embestía el culo de mi novia como si fuera su coño, con fuerza y rapidez. Ana conseguía satisfacerlos a todos, ya que al tenerlo justo debajo, también masturbaba a Dorian.

Juan no dejaba de mordisquearle los pechos, y Dorian hizo que se corriera de gusto, al tiempo que lo hacía Leroy. Cuando la sacó, su poya estaba manchada, pero no le importó demasiado. Le quitó un calcetín a Ana, que aun tenía puesto y se fue limpiando, mientras Juan ocupaba su lugar en su culo. Esta vez, Dorian se dio la vuelta y puso a Ana a horcajadas encima suya, para penetrarle el coño.

Ambos eran muy profesionales y sabían cómo hacer la doble penetración sin estorbarse. Cuando sus agujeros se hubieron dilatado lo suficiente, empezaron a embestirla, y ella, como siempre a gemir. Leroy al terminar de limpiarse, tiró el calcetín al suelo, y se acercó a la puerta. Miró el pomo, donde había una lucecita verde, y luego salió. Por fin, parecía que ya estaban terminando. Mientras, el trío seguía retozando sin parar. Ana sudaba, aunque ya no se distinguía el suyo del que le depositaban encima sus amantes.

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